Héroes acrecenta su leyenda en Sevilla



Llegan Heroes del Silencio al Estadio de la Cartuja hispalense, 72.000 personas, 350.000W de sonido, escenario de magnas dimensiones, público venido de toda España y más allá (Francia, Alemania, México, ...), Todos ellos ingredientes necesarios y más que suficientes para deparar una gran noche de rock'n'roll para un público treintañero en su mayoría...y así fue.


Y tras ese añorado 5 de diciembre de 1995, ultima aparición de los maños en tierras sevillanas, dos siluetas guitarreras inician a las 21:08 el espectáculo que todos estábamos esperando. Puntualidad impropia de un evento como este, cosa que se agradece. Como siempre las notas de "Song of the Siren" ponían preludio al evento, enardeciendo al público congregado.
Las primeras notas de “El estanque” resuenan, a pesar de la eterna y penosa acústica de esta infrautilizada edificación, a lo largo y ancho del estadio olímpico, permitiendo acelerar el ritmo de los corazones de los allí presentes. Listos para disfrutar y totalmente entregados y rendidos de antemano a la música de la banda.




Impresionante puesta en escena y despliegue de luz y sonido jamás recordado por estas tierras sevillanas. Escenario enorme, con gran altura, luminotecnia impresionante, y una estructura circular del mismo con 4 pantallas centrales, dos laterales, así como una pasarela delantera por la que Enrique se daría alguna carrera que otra. Incluso al final de la misma existía una segunda plataforma donde más tarde harían un set semiacústico (por cierto, Pedro Andreu llegó por debajo al mismo salvo que se haya inventado la teletransportación y no nos hayamos enterado).




A pesar de los años transcurridos que no pasan en balde para ninguno de ellos. Una a una van sonando las clásicas canciones de héroes: Deshacer el mundo, La sirena varada, que no por ello hacen vibrar, y mucho, al publico asistente.




Pero hay una diferencia con respecto a los otros shows de esta gira. Suenan canciones que no se habían oído desde hace muchos años. La carta, Tesoro, etc. La mezcla de sorpresa e ilusión por volverlas a oír se hace presente.

Enrique, de riguroso negro, aunque lejos de su dinamismo de antaño, se ve cómodo en el escenario e intercambia palabras con los presentes. Agradecido, afirma: «Queremos agradecerles por el largo camino que hemos realizado desde 1984. Todo esto que hemos montado no sería posible si no estuvieran ustedes ahí». Recuerda el comienzo del cuarteto allá por los años 80: «Somos una banda de bar de cerveza, así es como empezamos».




Un Mini-escenario a mitad de campo, permite a la banda en la parte central del concierto una relación más intima, si eso es posible entre 70000 personas, y cercana. Es momento de la presentación de los músicos por parte del jefe de ceremonias de la noche, Enrique Bunbury, con especial atención a Juan Valdivia. Suenan La herida, Despertar, Apuesta por el Rock'N'Roll, Héroe de leyenda (bien culminado) y No Más Lágrimas (quizá de lo mejor de la noche) .

La vuelta al magno escenario se inicia con la traca final y la mejor parte para los más rockeros. El ritmo se vuelve a acelerar en la recta final con Nuestros nombres, el Mar no cesa, Entre dos tierras, Maldito duende, Iberia Sumergida, que hizo definitivamente estallar a los entusiasmados espectadores. Incluso Avalancha con una apelación de Enrique al público con su clásico preludio: "¿Están preparados para la Avalancha¿" con fuego incluido.




Tras un breve descanso la banda hizo un nuevo guiño a los presentes. Bunbury, toda la noche realizando su batería habitual de puñetazos al aire cual púgil y peculiares gestos (algunos de ellos parecían dirigirse al palco), presenta a Phil Manzanera, “una persona imprescindible en nuestra carrera” comenta el maño. Responsable, sin duda, del salto continental de la banda en los años 90. Con él sobre el escenario interpretan “Senderos de traición”, “Oración” y “Tumbas de sal”, a pesar de los problemas de Phil con el sonido de su espectacular guitarra Gibson Firebird roja.




Continúo el show con diferentes temas entre los que destaca indudablemente “La chispa adecuada”. Ahí se creó el ambiente perfecto, en totalidad oscuridad, a petición de Bunbury, un mar de pequeñas luces recuerdan las miles de almas presentes. Los acordes suaves van sonando y las lágrimas de muchos hacen lo propio. Confettis a la finalización de "la chispa adecuada" crean el momento más mágico de la noche llenando el cielo sevillano de papelillos (un 10 para el montaje escénico). Tras unos minutos de tranquilidad inmersos en los acordes serenos de la canción, estalla el estadio en la parte más contundente del tema y todo ello con una explosión de luz y sonido que lleva, definitivamente, al éxtasis colectivo.




Termina el espectáculo con “En brazos de la fiebre”, tema donde Juan y Enrique, sentados frente al escenario, interpretaban juntos el mismo, coincidiendo por primera vez ambos durante la noche. Curioso fue escuchar al público gritar un "que se besen, que se besen" en esos momentos. Final del espectáculo aderezado por fuegos artificiales en la parte posterior al estadio.

Un show que difícilmente se podrá olvidar (ni repetir¿) en esta ciudad. Un espectáculo que va ya camino de su última parada. Será en el circuito de Cheste el próximo 27 de octubre. Fin de fiesta para una mini gira que ha reunido a miles de sus seguidores como jamás lo había hecho un grupo español. No cabe duda de que pese a quien le pese, voces a favor y en contra, buenos o malos momentos del mismo, hablamos del grupo español más reconocido mundialmente de la historia (sólo había que echar un vistazo a las pobladas gradas de la Cartuja)




Ingentes ingresos materiales se comenta que ha generado la esperada vuelta de los maños. Única razón, según las malas lenguas, de su regreso. Definitivamente equivocadas, porque seguro que... habrá otras más.

En el aire una pregunta: ¿será realmente el final para esta ya mítica banda¿


Crónica: David P. / Joaquín A.
Fotos: Rafael G.



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Publicado por David Piña el 22 Oct 2007




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