Paul Collins en el Puerto de Santa María



Paul Collins. (Sala Poniente, Puerto de Santa María, 2 de diciembre de 2005).
El verdadero y auténtico power pop sigue siendo, al igual que en los años de su máximo esplendor 1977-1982, un genero de culto, por más que hubiese una revitalización clara de la escena durante los tardíos 90.



El verdadero y auténtico power pop sigue siendo, al igual que en los años de su máximo esplendor 1977-1982, un genero de culto, por más que hubiese una revitalización clara de la escena durante los tardíos 90. Las razones variadas, a saber, falta de una estética clara, dispersión del origen del movimiento en tiempo y lugar, la negación del género por alguno de sus protagonistas más destacados, pero cabe destacar la cerrazón sistemática de la mayoría de los críticos y de la prensa musical ante la supuesta simplicidad del genero, y es que, ya se sabe melodías pegadizas, a.k.a. hooks, guitarras contundentes, letras sencillas y juegos de voces no dan para escribir mucho, pero si dan para mucha emoción y a veces emociones tan simples no son fáciles de plasmar en el papel. Y es precisamente esta emoción derivada de la sencillez es la que nos ofreció Paul Collins, un superviviente de la gloriosa escena antes citada, armado tan sólo con una guitarra acústica, su voz y un vaso de vino y el acompañamiento de Octavio Vink a una segunda guitarra acústica, segunda voz y, esta vez botella de agua, en el concierto.

Para ello, en una sala pequeña y austera, con muy buen sonido y completo el aforo, se desarrolla un set acústico como mandan los cánones, empezando de una manera difusa y tranquila y subiendo in crescendo, hasta que un espejismo te hace imaginar sin darte cuenta que te encuentras en el seno de una maraña eléctrica.

La voz de Collins no es la de antes, faltaría más para alguien que lleva casi 30 años en el tajo, pero sus trallazos acústicos siguen sonando impresionantes. El acompañamiento de Octavio fantástico, dominando a la perfección un género en que el es ya casi un veterano de la escena nacional, como demuestra su liderazgo en los añorados y magníficos Heartbeats y como parte de los desaparecidos Protones. Las guitarras aunque comenzaron sonando bajas, poco a poco fueron cogiendo el punch al repertorio, destacando los preciosistas punteos de Octavio que recordaban en ocasiones al mismísimo McGuinn, los riffs ala Townsend de Paul e incluso los increíbles feedbacks sin enchufes que bien podían encajar en un concierto unplugged de Neil Young & Crazy Horse.

El repertorio se centró en su excelente último disco “Flying High”, de una calidad que hacía tiempo que Mr. Collins no nos acostumbraba, abriendo con Helen, y desgranando piezas a que se nutren del pop contundente de toda la vida, de medios tiempos con cercanos toques soul y de ciertos aromas country, tales como All over Town, I’m on Fire, FDR, o el temazo que da nombre al disco; todo ello aderezado con clásicos como Rock N Roll Girl, All Over the World, Don’t Wait Up From Me o un recuerdo a los seminales The Nerves con Hanging on the Telephone. Del último disco cabe destacar la magnífica Alton Place un pedazo de power pop clásico repleto de sentimientos y guiños al género, donde Paul vuelve a estar a la altura de los primeros tiempos, es decir uno de los reyes indiscutibles del llamado Soul Blanco.

Sr. Collins ¿Para cuando vendrá con su banda eléctrica¿, quiero escuchar Different Kind of Girl y que se me humedezcan los ojos de emoción, sólo de emoción sencilla.

EDUARDO DEL JUNCO



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Publicado por María el 16 Dec 2005




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